El acceso se produce a través de un portón de acero de proporciones monumentales que actúa como preludio y constituye la única entrada de luz natural del recinto. Tras él, una estancia cuadrada, revestida en granito en sus dos caras, que, además de operar como antesala, provoca un efecto de desconcierto deliberado. Desde allí, el visitante es absorbido por la nave principal, alargada, solemne, gobernada por una lógica de latencia: un paramento de acero silencia la cocina profesional y un graderío desemboca en un escenario replegado tras un telón.
125m2
PALENQE
